Suji es un personaje de videojuegos que me he inventado, aquí tengo los dibujos de Paint que he hecho hasta ahora, son pocos, pero con lápiz y folio tengo más.
Se me ocurrió cuando hice algo parecido con dos calcetines, (je je, cuando no tienes sueño haces cualquier cosa) entonces me imaginé su historia, aquí os la pongo:
En Gravyan, una ciudad de la Galaxia Kunios nació el pequeño Suji, un kuniano blanco de ojos amarillos muy brillantes.
En aquel entonces Gravyan estaba en guerra con un país vecino y quedó huérfano a los seis años. Se escondía en calles oscuras, robaba comida y otras cosas para sobrevivir.
Era muy sigiloso y nunca le habían pillado, hasta que cuando tenía once años le cogieron. Estaba durmiendo cuando le despertaron unos pasos, se hizo el dormido tan bien como pudo y cuando se acercaron atacó por sorpresa. Lo que Suji no esperaba era que fuera un robot defensor de Punian, el país enemigo, y esos son muy duros. Le dejó inconsciente de un golpe y se lo llevó.
Cuando Suji despertó estaba en una mesa de operaciones de laboratorio, rodeado de chismes y pócimas raras. En la sala había un puniano bajito, con bata de científico que lo observaba amenazadoramente. Al ver que se despertaba el puniano dijo:
-Mmm... te has desperrrtado. Porrrfin podrrré comenzarrr el experrrimento, ¡muahahaha!
Suji no tenía fuerzas para hablar, así que solo pudo emitir un leve gemido al ver como el puniano llenaba una jeringuilla con un líquido negro.
-Serrrás el serrr más ágil y fuerrrte de Kunion... si sale bien, clarrro. Luego te adrrriestrrrarrrán y serrrvirrrás al ejerrrcito de su majestad el rrrey Anot. ¡Muahahaha!
Suji notó un agudo dolor al sentir la fría aguja en su piel. Luego se le nubló la vista y se durmió.
Cuando despertó estaba en la misma sala, pero esta vez el científico puniano estaba hablando con el supuesto rey Anot. No se atrevió a hacer nada porque estaba muy débil, o eso creía, porque ahora se sentía increíblemente fuerte y capaz de todo. De un salto rompió las cadenas y atacó a los punianos.
Salió corriendo por el pasillo mientras oía a lo lejos cómo mandaban guardias a por él. Llegó a la sala de armas, vacía, excepto una armadura de pecho y hombros que al parecer estaban preparando para él, pues ponía "Operación Guerrero".
Se la puso y se miró en un espejo...
Gritó tan fuerte que todos los guardias le habrían encontrado, pero con razón: su piel, antes blanca como la nieve, era negra, las rayas de sus manos, grises y blancas comunes de los gravyanos, eran azules y blancas, como el escudo de Kunios, la armadura gris que había cogido se había vuelto negra. Lo único que le quedaba eran sus ojos, amarillos, tan brillantes como una estrella, que se veían en la más negra oscuridad. Sus ojos. El único recuerdo de aquel pequeño Suji que había nacido hacía once años en una ciudad en guerra.
Tenía que vengarse. Cogió el grabador y marcó una S naranja a la armadura. Su padre le contó que él había hecho lo mismo con su armadura, pero con una R de Rojiam, entonces la nostalgia le invadió, pero no podía perder tiempo, los guardias pronto le alcanzarían.
Bajó unas escaleras y llegó a una sala con una gran pared descubierta por la cual se veían... montañas, ¡estaba dentro de una montaña! Si era cierto que ahora tenía tantos poderes, podría volar, además, no tenía otra opción.
En aquel momento llegó un guardia y no se lo pensó dos veces:
Se lanzó en picado y voló, sí, voló sin alas y se dejó llevar hacia arriba, sin caer ni chocar y exclamó:
¡Esto es la Falsa Gravedad!
(continuará...)